miércoles, 14 de enero de 2009

Anécdotas veraniegas

I.
Embarazada y sus dos hijos, amiga de embarazada con dos hijos, amigo de la no embarazada.
Amiga de embarazada: Bueno, me voy a caminar con esta pancetuda, así hace algo de ejercicio.
Embarazada: bueno, chicos, ahora me voy a caminar con ella. Ustedes se quedan con... (y se dirige al amigo de la no embarazada) Perdón... ¿cómo es tu nombre?
Amigo: Nito.
Embarazada: Bien. Se quedan con Nito. Se portan bien, ¿eh?

Embarazada y no embarazada se van. Los chicuelos van al agua. Nito, al instante, se acuesta a dormir en la arena boca arriba.

II.
Los mismos protagonistas. La embarazada reúne a sus chicuelos (que están sanos y salvos, por suerte).
Embarazada: Me voy. Nos vemos mañana.
No embarazada y Nito (al unísono): ¡chau! nos vemos...
Niños de la no embarazada: nos vamos al agua, ma...
No embarazada: ¡no se vayan lejos!

Los chicos (esa raza aparte, que suele querer hacer siempre de las suyas, que trata de desobedecer cuanta orden se le da, inconscientes criaturitas...) se meten al agua. Un poco más lejos... y otro poco más lejos. Y por si Nito y madre están durmiendo, hacen el intento de ir un poquito más allá. Madre se da cuenta del hecho:

No embarazada: Mirá hasta donde se metieron. ¡Los voy a matar! (no te preocupes, si los dejás, tal vez el mar se ocupe de hacerlo en tu lugar). ¡¡¡Lolitoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!! ¡¡¡Lolitooooooooooooooooooooo!!!
(un placer la playa, mire...)
Nito ensaya el silbido infernal que parece que tan bien le salía cuando era un adolescente. Y le sale bárbaro: se dan vuelta cinco chicas, tres cocacoleros y cuatro vendedores de barriletes. Los pibes también se dan vuelta, sólo para seguir metiéndose más adentro...
A continuación (y después de un rato largo, largo), Nito se da cuenta de la escasa repercusión que tiene su llamado de la selva y va en busca de los niños. Desde lejos veo a Nito meterse en el agua hasta abajo de las rodillas y agitar su dedito. Los nenes, mucho más lejos, lo miran, lo escuchan. Pero en cuanto Nito se da vuelta deciden ir un poquitito más adentro.

¿Los nenes? Biennnn, gracias a Dios.

III.
Atalaya (viaje de vuelta). Un padre modernísimo entra como escolta de su nene de un año y medio más o menos, que maneja su zapatilla (esa con la que los pibes avanzan arrastrando los piecitos) en medio de este universo aparte que es Atalaya: camareras con jarras de café y leche hirviendo que atraviesan el local a mil tratando de servir a la multitud que se agolpa ahí adentro. Los clientes, por su parte, buscan mesas o corren a hacer cola para comprar medialunas o corren al baño. El nene avanza como sólo un nene de un año y medio puede avanzar: despacito. El padre, que va detrás, tan despacito como el nene, tiene tiempo de mirar su reflejo en los vidrios y comprobar que sí, que ese short y esa remera lo favorecen.
Cuando, finalmente, salen al enorme estacionamiento que hay en el lugar, el padre levanta al nene a upa con una mano y la zapatilla con la otra. Sigamos viaje, vieja, que nos esperan el Tito y la Moni para almorzar...

Con progenitores así, ¿me podés decir quién corno necesita enemigos?

6 comentarios:

Halle dijo...

Hay gente que no nació para tener hijos.

Nick dijo...

un deleite tus vacaciones ehhhh

unServidor dijo...

¿Por qué será que quienes menos ameritan hijos, son los que más los traen al mundo?

Milenius dijo...

Lo que nos preguntábamos es , ya que los chicos vienen sin manual de instrucciones, por qué no dan en algún lado un curso de ingreso a la materpaternidad...
No es que uno haya sido super(wo)man como madre o padre, la verdad, pero se ve tanto descuido que apena.
Gracias por pasar, gente.

Minombresabeahierba dijo...

madre hay ua sóla!!! gracias a Dios...besos

Milenius dijo...

¿te imaginás dos madres descuidándote al unísono?
puff

Me hubiera gustado que me dedicaran...

  • Cartas a Milena (obvio) - Franz Kafka

Algunos libros que me hubiera gustado escribir... Bueno, por lo menos los leí!

  • Rayuela - Julio Cortázar
  • El libro de los abrazos - Eduardo Galeano
  • Alicia en el país de las maravillas - Lewis Carroll