lunes 8 de febrero de 2010

Mediomelón

Pesadilla fue, finalmente, igual que una pesadilla: así como llegó, se fue, excepción hecha de que nunca estuve dormida.

Debo, antes, cumplir con alguien a quien no le di el merecido crédito: Nick, criaturo mayor, fue el que más me rompió las pe estimuló para que yo me pusiera a estudiar. Ya me lo echó en cara (y con razón), y depositó en mi la semilla de la culpa. Fue él el que "descubrió" que existía la carrera de Edición en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y fue él el que me animó a anotarme, a pesar de mi vejez avanzada edad y mi cagaz mi miedo feroz a meterme a estudiar. Esto había sido en 2002, yo me anoté finalmente a cursar en 2003, y Pesadilla entró en escena en 2004.

Segundo cuatrimestre de 2004, entonces, materia nueva, docentes nuevos, primer teórico: la plana mayor de la cátedra frente a unas 150 personas sentadas, como podíamos, en sillas, piso, escritorio; o paradas al costado de la puerta.

Clavé los ojos en unos ojos azules. Ooopss... también me miraron. Resultaron ser los del Jefe de Trabajos Prácticos, que resultó ser (esto sí fue azar, destino o capricho de los dioses) el profesor de la comisión que yo había elegido.

Pasó más de la mitad del cuatrimestre, y los dos pares de ojos se encontraban cada vez con mayor frecuencia. Claro que para mí sólo eran ideas mías (ya sabemos, mi vida había perdido todo sentido, yo no valía tre mango, bla bla bla). Hasta que una compañera, un día, me dijo "Boludaaaaaaa... este tipo de la clase para vos. Si los demás no estamos, es lo mismooooooooo". Esto me animó. Esto y mis dos hijitas postizas, que contabilizaban cada mirada, cada palabra, cada expresión, y la anotaban debidamente en una planilla diseñada a tal efecto.

Llegaba, entonces, el fin del cuatrimestre, y no pasaba nada. No sólo no pasaba, sino que mi amiga Claudia (aquella con la que había ido a bailar la noche que conocí a Pesadilla), psicóloga ella, me dijo claramente "el tipo no va a hacer nada. Si no te animás vos, olvidate". Estas palabras quedaron rondando en mi cabeza hasta que llegó la entrega del último TP, momento en el cual me animé a escribir una carta, que deposité con pocas esperanzas dentro del folio en que lo entregué. En ella incluí una "encuesta", bastante en broma (que era en serio), con algunas opciones de respuesta. No recuerdo exactamente qué puse en ella, la verdad, lo que sí recuerdo es que yo tomaba mate mientras la escribía, y que un poco de mate se me volcó, y entonces puse "se me acaba de volcar un poco de mate, pero no voy a rehacer esta carta, así que quedará así".

La clase en la que debía entregar el tp (anteúltima del cuatrimestre) por una cuestión de paros y demases, se dio en el "bardenfrente" (sí, en el bar). Antes de entregar la carta, la sometí a juicio: mis hijitas postizas, mis compañeros de grupo... la carta dio la vuelta a la mesa, oculta en una revista que se suponía debíamos "analizar" o algo así. Luego de la aprobación final, fue al folio, y directo a la mochila del jtp, que dijo, antes de irse, "miren si ahora me roban la mochila en el tren". "Si te roban la mochila en el tren, yo ese trabajo práctico no lo repito más". Juas juas juas generales de todos los cómplices del asunto.

El resto del relato debería correr por cuenta de él: de cómo se encontró con "la encuesta" en su viaje en tren, de cómo se asombró mientras la leía, de cómo la volvió a guardar y de cómo volvió a leerla después. Pero bueno, esa historia ya no es mía, aunque sí lo sea.


Sólo resta decir que terminó la cursada, que nos vimos, que rendí mi final con nueve (no con él, aclaro, para los malpensados de siempre), que de esto hace cinco años, y que las historias lindas o divertidas (o ambas) son las que, de verdad, perduran. Las otras, sólo son historia. Todas son parte de la vida, pero algunas preferimos recordarlas más a menudo. 

Feliz cumple, mediomelón.

domingo 7 de febrero de 2010

Pesadilla

No le cabía otro sobrenombre.

Pesadilla era como Droopy, estaba en todas partes, uno no sabía de dónde venía o cómo había llegado, pero siempre estaba ahí.

Pero algo despertó mi alarma: un día, me dice "¿no me llevás hasta un lugar? Hay un tipo que me debe guita de un laburo que le hice, y bueno, me dijo que iba a estar ahora a la noche, si no le cobro hoy, no lo engancho más".

Yo comprendo esto. Sé que cuando alguien te debe guita, la hora de pago la pone él y no uno... Así que pregunto "¿Y dónde es?". Como toda respuesta, tiró un "seguí derecho por acá, yo te indico". Y la mina va, medio salame, derecho, y después dobla a la derecha, y después a la izquierda, y después de nuevo derecho, y después...

- ¿De qué trabajás? -inquirí (no era la primera vez...)
- Construcción. -Fue la seca respuesta.

Recién en el tercer "viaje para cobrar algo que me deben", dije Basta. Y que no iba a ir a ningún lado sin que me dijera antes la dirección exacta. Nunca más tuvo que ir a cobrar nada.

En el medio: mi cumple número 40. Ninguna pavada, sobre todo después de la historia de la que venía. El golpe del número redondo fue certero a mi cerebro: mi vida había perdido, ya, todo sentido.


Era un miércoles, y yo salía a las 21. Bajé las escaleras, como siempre, y ahí lo vi: con un regalo ENORME. Pero eso no fue todo. Se acercó, me dio un beso, y empezó el show: papel picado y "que los cumplas feliz, que los cumplas feliz..." mientras el hermano (o supuesto hermano, nunca lo sabré) filmaba toda la escena... y el regalo grande (una campera), y diversos regalitos...

De todas formas, la cosa era extraña (muy), y yo ya quería sacármelo de encima, sobre todo después de un par de escenas medio extrañas que, en el fondo, me asustaban bastante: para mí, el tipo era un psicópata. Pero sabía mis horarios de la facultad y dónde vivía, así que todos los días de cursada, a la salida, Pesadilla estaba ahí, en la puerta de Platón, el "bardenfrente". Siempre con un regalo: flores, zapatos, zapatillas, camisas, muñequitos... Un día no quise aceptar el regalo que me traía, y casi se pone a llorar. Y una es medio pelotuda. Y agarré el paquete, no lo abrí, y le dije que me iba sola, y que no quería ni un sólo regalo más.

Llegaron las vacaciones de invierno, y con ellas, mi "salvación": el cuatrimestre siguiente implicaría distintos horarios, por lo tanto no podría ir a buscarme. Mientras tanto, por teléfono, prometió poner una casa a mi nombre, con una única condición: que fuera a verla con él (!!!). No fui, por eso no soy propietaria de ningún bien a mi único nombre... :) :)

Comienzo de cuatrimestre: los horarios de cursada no coincidían con los del anterior, así que, tranqui... Hasta que, después de salir de una primera clase con, entre otros docentes, R. (sí, mediomelón), a las 21, no podía creer que Pesadilla estuviera ahí, plantadito como siempre enfrente de la facultad, en la puerta de Platón.


Por supuesto, pregunté cómo supo de mis horarios. "Estoy viniendo desde el lunes. En algún momento te iba a encontrar".

La cosa duró uno o dos meses más. No arreglábamos para salir, pero no había forma de evitar que fuera a buscarme a la salida...

Y Pesadilla fue el sobrenombre que le puso Carina, una de mis hijitas postizas, al ver la insistencia del señor... Carina y Luciana (mi otra hijita postiza) iban conmigo hasta el auto, para tratar de espantarlo.

Claro que ya mis ojos estaban posados en otra persona, y poco a poco, la insistencia de Pesadilla (Matías, en realidad. Gracias Davu por hacerme acordar) fue cediendo hasta que un día, simplemente, dejó de venir y de llamarme...

Y continuará...

sábado 6 de febrero de 2010

Historias e historietas

Llega el cumpleaños de mediomelón, y amerita en este momento contar la historia de cómo nos conocimos y cómo empezamos nuestra historia.

Corría el año 2004 y yo venía mal, muy mal, pensando que nunca nunca nunca más volvería a estar con alguien, que nunca más estaría en pareja y, por supuesto, que si encontraba a alguien, obviamente, se trataría de un salame redomado del que me avergonzaría más tarde en reuniones familiares imposibles de evitar (tengo dos hijos que son un poco salvajes en cuanto a sus juicios, un pelín irónicos; pelín por poner una medida aceptable, pero la verdad, la verdad, son terribles), unos sobrinos bastante bravos y dos hermanos... varones.

Hacía un año había tomado una decisión, que mucho tuvo que ver con mi desilusión amorosa, y de la que no me arrepiento por varias cosas. Después de muchos años (muchísimos, me da vergüenza decirlo) de estar con una persona un tanto complicada (que vino después de la separación del padre de los criaturos), había decidido que era momento de hacer algo por mí. La pareja ya no daba para más, y se iba pudriendo todo, pero mientras tanto, decidí crecer un poco: me anoté en la facultad. Después de sentirme poquito más que una nada al lado de un todopoderoso señor (no le resto méritos, fue un todopoderoso generoso y, a su modo, una buena persona, hechas las reservas del caso, que no vienen al ídem), empecé a darme cuenta de que podía hacer muchas cosas, y de que no era tan nada.

No era ninguna péndex, ya tenía 39, pero bueno, atravesados por dos importantes fracasos amorosos, con todo lo que eso implica, además de dos hijos y poco laburo (ergo: poca guita).

Pero antes, tengo que contar la historia de Pesadilla. Es un (Verito dixit) "No Me Acuerdo el Nombre". De verdad que ahora no me acuerdo.

Conocí a Pesadilla a la salida de un boliche con el que había ido con mi amiga Claudia, después de dos años de no moverme de casa. Claudia esa noche se reencontró con el que hoy es su marido y padre de su hijo (ahijado de quien suscribe), Diego, a quien había conocido un tiempo atrás.

Pesadilla era un personaje fuera de lo común (ay, midió, siempre al lado de algún raro, yo...) que dio muestras de su locura apenas a los diez minutos de habernos conocido.

Cuando le dije dónde vivía, me dijo que me acompañaba. (Nunca supe dónde vivía él. ¿Dije que era raro, no?, ni con quién, ni de qué trabajaba). Lo cierto es que yo estaba en auto, y caballerosamente me dijo que vendría conmigo hasta donde yo quisiera dejarlo. Y así fue que, desde San Telmo, el muchacho viajó hasta Morón, donde gentilmente lo deposité (arriba de la autopista, nunca supe cómo volvió a su casa. No sabía dónde era, ya lo dije). Yo seguí viaje hasta Ituzaingó.

Y sigo mañana, para contar por qué lo terminamos llamando Pesadilla...

Gracias por el recurso, Verito. Esta historia continuará...

miércoles 27 de enero de 2010

¡Alerta, Naranjas!



Ni hay un alud de frutas paraguayas ni vienen los holandeses a jugar un amistoso con la selección nacional ni van a regar las plazoletas de la ciudad con Fanta.

Simplemente se vino la calor, sólo que ahora también (como si fuera un monotributista, como si fuera un nuevo individuo de una multitudinaria especie de bichos), ahora, decía, al calor también lo categorizaron.

- ¿Qué hacemos con esta calor? - parece que dijo un empleado del Servicio Meteorológico Nacional.

- Hoy no hace tanta calor como ayer - dijo otro.

- ¿Qué no? ¡Hoy hace más! - dijo el primero.

- Más será lo que tomaste vos - respondió el otro, ofendido.

- Bueno, che, no peleen más. Agarramos y categorizamos a la calor: de tanta a tanta temperatura, alerta verde (que no es alerta, porque no te morís); de tanta a tanta temperatura, alerta amarilla, entonces prepará la malla;... Y de tanta a tanta temperatura, alerta naranja: abrí la manguera, remojá el ortis en la fuente de la plaza y tomá mucho líquido, porque ahí sí que te podés morir. Y sanseacabó, no peleen más, qué tanto.

Qué suerte que, por lo menos, el calor está ordenado en su cajón...

En otro desorden de cosas, sepan ustedes que soy una casiabuela. Mi hijita postiza, Luciana, dio a luz ayer a Dante, que se vino con un pan y toda la calor debajo del brazo.

Para Lu, porque sé que ama a David Gilmour, un regalito. Y también para Dante, mi casinieto, y para Guido, mi casinuero (yerno no me gusta).

Sonreí, che, aunque haga calor...

domingo 24 de enero de 2010

Y seguimos haciendo sociales

El Halle estuvo en Buenos Aires, y se hizo un ratito para tomar unas cervezas y comer unas pizzas con nosotros (Nick, Davu y yo) antes de volver a Santa Fe.

Pobre Halle, se tuvo que bancar un calor de locos en su viaje en subte, pero bueno, creo que valió la pena, se lo nota contento en su última entrada.

Por el mismo precio conocimos también a Sergio Berton, otro amigo blogger.

Charlamos, tomamos, comimos y nos sacamos unas fotitos (Halle sacó muchísimas y muy buenas, les recomiendo visitar su blog).



Sergio, en la Matrix...




Amuchados pero contentos.


Pobres todos, porque a veces no alcanza con la buena intención: quise llevarlo a Retiro a tomar el micro y, por supuesto, como no puede ser de otra manera conmigo, me perdí y nos hice dar a todos unas cuantas vueltas antes de llegar a destino. Por suerte llegamos a tiempo, y los nervios de Halle se calmaron.

Para la próxima prometo aprenderme la Filcar de memoria.

martes 19 de enero de 2010

Vuelta y... vuelta nomás


viernes 8 de enero de 2010

Vuelta e ida

¡Feliz Año Nuevo!

Nosotros terminamos el año aquí:






Tomando cervecita helada...



Los vapores etílicos nos permitieron relajarnos y danzar un poco...




Y terminamos así:




De acuerdo, ni ahí pude nadar de noche, mal que me pesó. Pero, o hizo un frío de perros o llovió, así que al agüita, sólo de día...






Pudimos, después de sacarle mil fotos, "atrapar" al colibrí:




Y también al pájaro carpintero:




"Cachito" nos proveyó de todo lo necesario. Ya que no podíamos ir al almacén, el almacén venía a nosotros... 



 

Vuelta e ida, digo, porque mañana parto nuevamente, sin dolor alguno, a visitar a la gran bruja buena del sur: Abrujandra. Estoy contenta y nerviosa (temo que me echen y quede a la buena de Dios allá, tan, tan, tan lejos de mis pagos...).

Le enviaré los saludos y abrazos correspondientes: quedáos tranquilos, entonces, Cirita, Ant y Cris.

Me hubiera gustado que me dedicaran...

  • Cartas a Milena (obvio) - Franz Kafka

Algunos libros que me hubiera gustado escribir... Bueno, por lo menos los leí!

  • Rayuela - Julio Cortázar
  • El libro de los abrazos - Eduardo Galeano
  • Alicia en el país de las maravillas - Lewis Carroll