Hay algunas cosas que, creo, deberían importarnos menos:
- Que un hombre deje la tapa del inodoro levantada.
- Que tu medio melón se olvide del aniversario (lo mejor es decretar una semana de festejos a tal efecto).
- Dejar los platos sin lavar de la noche a la mañana (¿qué tiene de grave?).
- Planchar.
- Cenar panchos, patitas de pollo compradas, sandwiches.
- Dejar cosas sin hacer en casa para ir a tomar mate con un/a amigo/a.
- Estar de acuerdo con todo el mundo.
- La televisión.
- La moda.
- Que todo el mundo te quiera.
- Pretender tener razón siempre.
- Pretender ganar todas las discusiones.
- Que "ese/a" no te quiera. Ya va a aparecer algo mejor, y vas a cantar bingo.
- "Esas cosas aleatorias". Se trata de esas cosas por las que todos los días la tele y los diarios nos dicen que tenemos que estar preocupados, y que tienen mucho que ver con la coyuntura política y económica de a) los países que tienen un nivel de vida diez veces mejor que el nuestro, b) la gente que tiene muchísima plata. Como seguro que vos no sos una de esas personas, y segurísimo no sos presidente de un país así, dejá de darle bola a (según el momento histórico, pueden ser varias cosas): el precio del dólar, el riesgo país, la bolsa de New York, el índice Nasdaq, la suba de las acciones en Tokio, el efecto Tequila, el efecto Caipirinha y el efecto Mate amargo. Pase lo que pase con estos numeritos, vos mañana vas a tener que salir a laburar como todos los días y la guita te va a alcanzar hasta ahí.
Al mismo tiempo, otras deberían ser cada vez más importantes:
- La palabra del otro y la propia.
- Escuchar a la gente mayor. Más de una vez es muy enriquecedor charlar con ellos, ¡y uno se entera de cada cosa!
- Escuchar a los más jóvenes. Tienen mucho para dar y muchas ganas de hacer cosas. Los adultos que se olvidan de que alguna vez fueron muy jóvenes y tuvieron dos millones de ilusiones por cuarto de hora van camino a convertirse en viejos de mierda. Es increíble la enorme carga de ternura que tienen los pibes, su necesidad de hablar, de tener y contar proyectos y, sobre todo, de un respaldo, aunque sea un simple "y dale, hacelo". Además, son muy divertidos; y si hablás desde el corazón con ellos, hasta el más rebelde se afloja y se prende a la conversación.
- La buena educación.
- Preguntarles a quienes te rodean cómo andan.
- Bailar.
- Reirse de cualquier cosa.
Seguro que hay dos millones de cosas más. Agregá la que te parezca a la lista, así dejo de preocuparme por alguna boludez que seguro me ronda en la cabeza.