Debo, antes, cumplir con alguien a quien no le di el merecido crédito: Nick, criaturo mayor, fue el que más
Segundo cuatrimestre de 2004, entonces, materia nueva, docentes nuevos, primer teórico: la plana mayor de la cátedra frente a unas 150 personas sentadas, como podíamos, en sillas, piso, escritorio; o paradas al costado de la puerta.
Clavé los ojos en unos ojos azules. Ooopss... también me miraron. Resultaron ser los del Jefe de Trabajos Prácticos, que resultó ser (esto sí fue azar, destino o capricho de los dioses) el profesor de la comisión que yo había elegido.
Pasó más de la mitad del cuatrimestre, y los dos pares de ojos se encontraban cada vez con mayor frecuencia. Claro que para mí sólo eran ideas mías (ya sabemos, mi vida había perdido todo sentido, yo no valía tre mango, bla bla bla). Hasta que una compañera, un día, me dijo "Boludaaaaaaa... este tipo de la clase para vos. Si los demás no estamos, es lo mismooooooooo". Esto me animó. Esto y mis dos hijitas postizas, que contabilizaban cada mirada, cada palabra, cada expresión, y la anotaban debidamente en una planilla diseñada a tal efecto.
Llegaba, entonces, el fin del cuatrimestre, y no pasaba nada. No sólo no pasaba, sino que mi amiga Claudia (aquella con la que había ido a bailar la noche que conocí a Pesadilla), psicóloga ella, me dijo claramente "el tipo no va a hacer nada. Si no te animás vos, olvidate". Estas palabras quedaron rondando en mi cabeza hasta que llegó la entrega del último TP, momento en el cual me animé a escribir una carta, que deposité con pocas esperanzas dentro del folio en que lo entregué. En ella incluí una "encuesta", bastante en broma (que era en serio), con algunas opciones de respuesta. No recuerdo exactamente qué puse en ella, la verdad, lo que sí recuerdo es que yo tomaba mate mientras la escribía, y que un poco de mate se me volcó, y entonces puse "se me acaba de volcar un poco de mate, pero no voy a rehacer esta carta, así que quedará así".
La clase en la que debía entregar el tp (anteúltima del cuatrimestre) por una cuestión de paros y demases, se dio en el "bardenfrente" (sí, en el bar). Antes de entregar la carta, la sometí a juicio: mis hijitas postizas, mis compañeros de grupo... la carta dio la vuelta a la mesa, oculta en una revista que se suponía debíamos "analizar" o algo así. Luego de la aprobación final, fue al folio, y directo a la mochila del jtp, que dijo, antes de irse, "miren si ahora me roban la mochila en el tren". "Si te roban la mochila en el tren, yo ese trabajo práctico no lo repito más". Juas juas juas generales de todos los cómplices del asunto.
El resto del relato debería correr por cuenta de él: de cómo se encontró con "la encuesta" en su viaje en tren, de cómo se asombró mientras la leía, de cómo la volvió a guardar y de cómo volvió a leerla después. Pero bueno, esa historia ya no es mía, aunque sí lo sea.
Sólo resta decir que terminó la cursada, que nos vimos, que rendí mi final con nueve (no con él, aclaro, para los malpensados de siempre), que de esto hace cinco años, y que las historias lindas o divertidas (o ambas) son las que, de verdad, perduran. Las otras, sólo son historia. Todas son parte de la vida, pero algunas preferimos recordarlas más a menudo.
Feliz cumple, mediomelón.
















