La situación de lunes es complicada.
O cambia la percepción de las cosas, o éstas, definitivamente,los lunes se complican .
Los lunes los semáforos no están en verde, rojo o amarillo. Los lunes los semáforos están como marrones, la gente no los entiende y los mira extrañada; y esto, sumado a la gente –que anda mal por la calle– a los jefes que vienen densos (quizás todo el fin de semana en la casa, quizás esos días que a uno le pagan por descansar, quizás...), hacen que la situación de lunes sea, por demás insostenible.
Lunes otra vez...
El trabajo es, como siempre, el trabajo. Pero los lunes cansan y las letras en la computadora parecen representantes de otro idioma en nuestra oficina.
Igual, a la embolia producida por los lunes le sigue inmediatamente una reflexión: pasado rápidamente el martes (que está tan cerca de este lunes casi imposible),llegará el miércoles, y con él, la mitad de la semana, para que nos regale la esperanza de un jueves corto de trabajo y de un cercano viernes a la tarde; sin dudas (en mi opinión), la mejor de las tardes para los que trabajamos de lunes a viernes...
Igualmente, como todos los días merecen ser disfrutados, y como nos merecemos disfrutar de todos los días, hay que disfrutar también del lunes. El tema es ¿qué se hace un lunes, entonces, para que no sea un embole?