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sábado, 24 de abril de 2010

Pastillitas ¿para todo?

Hay pastillas para la presión, la ansiedad, el dolor de muelas, el dolor menstrual, el síndrome de desatención de los chicos (no, no hay adultos "desatentos", parece), para dormir, para despertarse, para adelgazar, para engordar y también para animarse si uno anda abandonado por la energía. No olvidemos a la estrella de la década: el ataque de pánico.

Los laboratorios no dan abasto: todos los días ¿aparece? una enfermedad nueva a la que pronto, muy pronto, le encontrarán cura.

Yo me pregunto, y te pregunto: ya que hay sentimientos y valores que no vienen en frasquito, ¿no será hora de cambiar individualismo por empatía, egoísmo por solidaridad, "ombliguismo" por sentimiento de humanidad?

Tanta conciencia ecológica que nos quieren vender, y ni se nos ocurre pensar que ni por casualidad vamos a respetar a un delfín o una ballena si no empezamos por respetar nuestra propia vida, que es, en definitiva -y si logramos establecer empatía con el género humano- también la de quien tenemos al lado: la amiga, el compañero de trabajo, la señora que limpia y el portero. O tal vez que eso, ponerse a defender la vida de los delfines, por ejemplo, no es más que una actitud que nos permite mirarnos al espejo y convencernos de que estamos haciendo algo por el mundo, mientras tratamos por todos los medios de evadir la responsabilidad que nos cabe cuando el vecino nos necesita.

Me acordé, en este preciso instante, de un excelente post de Verito, "¿Por qué es más fácil amar a la humanidát entera que a Juan de los Palotes?".

También se me ocurre: ¿no se aliviaría más de una de aquellas enfermedades, si nos replanteáramos algunas de nuestras actitudes? Digo, por eso de saber que si me pasa algo voy a tener alguien al lado que me dé una mano, lo cual me obliga a dar la mano si alguien necesita algo... ¿No nos haría sentir más contenidos, menos solos, menos vulnerables?

No sé, digo. No me digas que soy una ingenua. Eso ya me lo dijeron.

sábado, 3 de abril de 2010

¿Hasta cuándo?

Gato es obsesivo. Cada vez que me siento en la silla de la computadora, insiste en amasarme ese almohadón que no soy ni nunca seré para él. No importa cuánto me moleste y diga "Gato, ¿podés quedarte quieto?". Él insistirá e insistirá, aunque me levante veinte veces y me vuelva a sentar veintiuna, él seguirá amasándome la panza para tratar de conseguir ese lugar perfecto para él hecho bollito.
Lo entiendo, de alguna manera, porque Gato es un gato. Entonces, cuando me harta, simplemente lo ubico en una posición que no me resulte molesta, lo acomodo más o menos, y ahí entiende, o no, pero acata como orden ese sacudón que le doy: "quedate quieto". Entonces duerme.

Como dije, puedo entender que Gato no entienda del todo, porque es un gato. Aun así, a veces entiende (o algo similar que hagan los gatos).

Ahora, ¿cuándo deberíamos dejar las personas dejar de intentar cosas (lo que sea) que, al menos aparentemente, nunca van a suceder? Por favor, evitemos los libros de autoayuda, plis, porque yo redacté un par y sé que son verso que sirve para autoayudar(me) a sobrevivir. Que "el cielo es el límite", que el poder está en nosotros, que todo puedes lograrlo, creo, no son más que frases hechas que sirven para vender una esperancita más, un librito más. Y una buena manera de sacarse a un obsesivo de encima.

No malentender, por favor. No estoy hablando de no intentar, lo que me pregunto es hasta cuándo se intenta algo que tal vez no es para nosotros (sea por el motivo que sea), y cuándo ese algo se convierte en podrida obsesión u objeto de sufrimiento, o ambas cosas, o ambas cosas que son una sola.

Ejemplo: recuerdo a una compañera de teatro (en realidad, hacíamos comedia musical en la escuela de Pepe Cibrián) que quería estudiar danzas en la Escuela Municipal de Danzas, o algo así. No sé cuánta voluntad le ponía a la cuestión, pero fuera cual fuera esa "cantidad" de voluntad, era muy poco lo que se le notaba al momento de bailar. No sé cuánto tiempo lo habrá intentado, a lo mejor estoy hablando de más y la chica está hoy en una compañía internacional de danzas, desconozco. Pero creo que puede entenderse a qué voy.

Otro ejemplo: un hombre que se enamora de una mujer pero no es correspondido, y frente a cada negativa de ella insiste con dos palabras: "soy perseverante". Dos palabras que suenan a condena. Para él, motivo de frustración; para ella, motivo de ruptura del escaso vínculo que los une. ¿Puede la perseverancia de él cambiar los sentimientos de ella? Me suena que no. 

Creo que hay un límite de intentos, sólo que no sé cuál es. ¿Cómo sabe uno si se está convirtiendo en un obsesivo incurable, o si está perdiendo una energía preciosa que podría dedicar a otras actividades/amores? En el camino hay señales. Siempre las hay. Pero, como siempre, el que las ve es el que está de afuera, porque el que está supurando bilis por las axilas tratando de conseguir algo por ahí ni se da cuenta de los avisos.

Por las dudas, sólo por las dudas, si "estoy con un temita en la cabeza", y alguna de mis amigas me contesta "El cielo es el límite", yo empiezo a buscar terapeuta.

Actualización matino-sabatina: 

Igualmente, insisto en que hay que ser bastante cabezadura en la vida si es que queremos lograr algo.
¿Qué? ¿Que me vienen a buscar? ¿Chaleco? ¿Cuál chaleco de qué? Ooooopsss...

miércoles, 17 de febrero de 2010

A ver, usted que sabe tanto...

¿Qué tipo de plástico les ponen a los tomates, que no tienen, ni siquiera, gusto a plástico?

¿Qué les ponen a los desodorantes, que manchan tanto TODOS la ropa, pero en pleno verano casi no sirven para lo que se supone que tienen que servir? (si usted piensa lo contrario, viaje en el Sarmiento cualquier día de enero o febrero, preferentemente por la tarde).

¿Qué le ponen al jabón en polvo, que te destruye poco a poco el tejido epitelial, agujerea la ropa, si se cae al piso y te descuidás, tal vez hasta hace un buraco que llega al centro de la tierra, pero no puede con las manchas de desodorante, mate, sandía, melón, durazno, tierra... en fin..., digamos, con las manchas de casi todo lo que ensucia? (de todas formas, tengo dos lindos secretitos, uno para las manchas de mate y otro para las de durazno, :)

¿Por qué no inventan una cerveza hiper concentrada, como esos detergentes de los que ponés una gotita y podrían desgrasar un chanchito entero? Así, yo compraría una botella de cerveza y me duraría un tiempo respetable.

(lástima que los detergentes no sean como los tomates, porque si así fuera, es decir, si no tuvieran gusto, pondría en una solución de una parte de detergente y diez de agua al pollo ese que saqué del freezer, para desgrasarlo).

¿Qué les hacen a los pollos, que ya no tienen carne? Composición tema: El pollo:

Un pollo era un animal, ahora es un híbrido que está compuesto por: un 40% de grasa, un 35% de huesos y un 25% de agua. A mí me gustaba mucho el muslo (cuando los pollos tenían).

¿Se puede tomar detergente para adelgazar?

¿Por qué hacen detergentes con aroma a lavanda, naranja, mandarina, tomate (de los que tenían gusto), "marina" (¿qué corno es la "fragancia marina" en un detergente?)? Quiero un detergente que lave, pero que no les deje ningún olor a los vasos. Quiero que los vasos tengan su fragancia original, es decir, a nada (¿o ahora el vidrio también tiene olor? No me vuelvan loca).

En fin, que no es fácil ser un ser humano al que le dan vueltas tantas dudas por la cabeza...

viernes, 17 de julio de 2009

Desconfiada

Mmm... ¿será que estoy de mal humor? ¿será el invierno?
No sé, hoy me desperté pensando en las personas que, no sé si queriendo o no, causan mucho daño. Esas para quienes uno (como en una especie de deseo de esa revancha de naturaleza kármica en la que decide creer) reserva un único pensamiento: "ya te va a llegar"... Suelo pensar eso y me tranquiliza, pero hoy me atacó La Desconfianza (así, con mayúsculas) al respecto. ¿Les llegará? Hoy pienso: "no les importa nada"; siguen con su vida, juntan plata o casas o mujeres o estampitas o viajan por el mundo, no sé, pero me da la impresión de que nada los toca. Que esa caja de cristal en la que viven los protege, finalmente, de todo. Hay otro pensamiento que suele rondarme (sólo para tranquilizarme, cierto): "viven una vida superficial, no piensan en nada, no les importa ni lo que hicieron ni lo que harán. Para ellos está todo bien. Están salvados".
No sé si esto tiene mucha, poca o ninguna importancia, la verdad. Evidentemente un poco sí, porque me puso de mal humor.

Todo bien con la dignidad, ¿no? Pero ¿no estaría bueno, además de ser personas dignas, que a veces se nos dé alguna buena buena buena, de esas que te obligan a decir "Ahora me tocó a mí"?
Quiero hacerle caso a la candorosa, y "reforzarme", como sugirió en su entrada el otro día.
Quiero sentirme "glamorosa" también, aunque sea por un rato.

En fin, tengo ganas de preocuparme, una vez, una aunque sea, por boludeces.

Será que, como "todo vuelve", alguien me deseó "ya te va a llegar" y hoy me toca romperme la cabeza (y si esto es verdad, a los demás también les va a tocar: aquí va mi nota de esperanza, jajaja).

Un poema de Benedetti para aquellos a los que lo único que les interesa es "salvarse" (encima tienen tanto orto que les dedican poemas hermosos, qué ironía...)

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Ta bien. Por lo menos trato de mantenerme lejos. Algo es algo.

Update: Video de Pinti que me pasó Halle. Salsa Criolla.

lunes, 6 de julio de 2009

Un miedo bárbaro

Una anécdota de cuando recién empezaba a manejar (un R 12 modelo '81). A un amigo le habia pasado, mientras estaba detenido en un semáforo y mantenía la palanca en primera, que se le cortó el cable del embrague. Esto provocó que chocara levemente con el auto de adelante (hay que sacar la patita del embrague, nena...). No pasó nada del otro mundo, excepto el tramiterío y denuncias a la policía y al seguro, los gastos varios de su radiador roto y esas cosas.
A partir de ese momento, y durante mucho, muchísimo tiempo, tuve un miedo feroz: que se me cortara el cable del embrague.
Un día (repito, después de muuuuuuuuchos meses), le comento a mi hermano (mecánico personal de mis rodados): "Ay, tengo terror de que se me corte el cable del embrague, como le pasó a R." A lo cual responde "Tarada. Tu auto no tiene cable de embrague, tiene un fierro que no se puede cortar nunca". (Bueno, sí, él es así de explícito).
Un día me puse a pensar: mientras duró mi miedo a que se me cortara el cable del embrague, me había pasado de todo: pinchaduras varias, una vez me quedé sin frenos, varias veces tuve problemas con el burro (el de arranque. No, nunca tuve que alquilar un burro para llegar al trabajo como fuera). Muchas veces llegué a casa en grúa. Pero mi miedo seguía siendo ese, y todas mis prevenciones (no pisar el pedal mientras esperaba en un semáforo, hacer revisar la caja frente al primer desperfecto) se dirigían a eso. Vale aclarar que le conté esta anécdota a mi psicólogo (al que abandoné hace mucho), quien se rió mucho. Como fuera, el tema dio para vaaaaaaarias sesiones.
¿Qué quiero decir con esto? No podemos prevenir todo con la misma energía; más bien, hay que repartirla para poder prevenir varias cosas a la vez, no olvidarnos de que son muchas las cosas que nos "hacen funcionar bien", y varias las amenazas. O sea: me da la impresión de que, mientras tenemos miedo y nos embriagamos con alcohol en gel (pedo aburrido si los hay) para evitar la Gripe A, el mosquito del dengue, al que no le damos más bola, crece, engorda y en verano nos va a morfar con salsa de Off!
Además del dengue (tal vez el mosquito murió porque un chanchito infectado le estornudó en la cara, nuuu sé, diría Ant), y mientras discutimos acerca de si los infectados son mil, diez o cien mil, el hambre mata a muchos chiquitos argentinos. De eso tampoco se habla más (tal vez no hay más hambre, en cuyo caso, creo que los medios nos lo tendrían que haber comunicado).
Y esto es sólo un ejemplo de una porteña que, aunque quiera, poco puede hacer para salir de su desinformación generalizada. Ni idea de lo que estará pasando en otras provincias (en muchas de las cuales, según leí ayer, debido a la baja concentración poblacional, la proporción de infectados NO es tan alta como en Buenos Aires, capital del universo).
¿Y si en lugar del noticiero ponemos una peli? Los chicos en casa son una linda excusa para ver muchas de dibujitos animados... (Yo ya no tengo excusas para verlas, pero si puedo, las veo igual).

sábado, 20 de junio de 2009

Soy una malpensada (recargado)

- Se habla mucho en los medios de las apelaciones de Patti (un asesino que está preso) para poder ser candidato en estas elecciones, y muy poco acerca de que Proyecto Sur se haya quedado afuera. Según una de las referentes del partido liderado por Pino Solanas, Silvia Baffigi, el robo de boletas que sufrieron en 2007 les hizo perder la personería jurídica porque sacaron el 1,98% de los votos (se necesita como mínimo el 2% para mantenerla).
- No hay mucho revuelo alrededor de algún pedido de pena de muerte para Carlos Carrascosa, que parece que asesinó a su mujer, ni para el padre Grassi, pedófilo comprobado. Ni siquiera la nueva opinóloga Susana Giménez se despachó al respecto. Se ve que este tipo de pena sólo sería aplicable a los delincuentes tipo pobres, ¿viste?
- Hace un tiempo, un muchacho peruano fue acusado de abuso sexual: gran revuelo en el barrio de Núñez. Más revuelo tendría que haber ahora: M. E., la supuesta víctima, declaró que exageró sus dichos por "sentirse presionada por los medios de comunicación" (Página|12 de hoy).

¿Será, finalmente, que son los medios los que nos dicen de qué tenemos que hablar y qué decir al respecto? ¿Será que nos manejamos con un discurso predigerido? Naaaaa...

lunes, 8 de junio de 2009

Ejem... me lo creí

Está bien. Yo me lo creí. Ahora, por qué jugamos tanto a los disfraces, no lo sé. A mí me enseñaron que teníamos que estar predispuestos al cambio, ser protagonistas de nuestra propia vida y dueños de nuestro destino.

También vivo con la ilusión de que las mujeres somos iguales a los hombres en todo (bueno, menos en eso, por suerte). Y me encuentro con mujeres esclavas no ya de la cacerola y la plancha sino del gimnasio y la dieta. Y con gorditas que cuentan cómo en una salida con algún chico éste les dice que no quiere verlas más porque están muy gordas. ¿Intercambio de esclavitudes, tal vez? Y me encuentro más de una vez a más de una mujer justificando toneladas de machismos. Ehhmmm... vamos muy de a poco, parece. Cuentan que una chica, musulmana ella, respondió, cuando criticaron el velo que usan las mujeres en su sociedad, "por lo menos no nos tenemos que mostrar desnudas en una vidriera, como animales..."
Ahora resulta que me encuentro con voces que dicen "claro, porque viste cómo es... él no lo puede hacer dormir (o no puede llevarlo al pediatra, o no le da bola o no tiene tiempo, o no sabe o no quiere, ¿viste? o se sienta a mirar la tele y bueno está cansado y qué querés si se levanta temprano y entonces...)"
Y con voces de algún tipo que dice "sí, yo le meto los cuernos a mi mujer, pero la amo". "Ah, ¿y en el contrato decía que vos la ibas a amar y al mismo tiempo le ibas a meter los cuernos?" "No, pero lo que yo hago con otra mina es una cosa sin sentimientos, es como ir a mear o a cagar, una simple cuestión fisiológica".

(Ah. Sos un hombre liberado. ¿Si sos tan liberado por qué no le decís a tu mujer que te acostás con otra?)

Creo que el momento en el que tenemos que pensar más profundamente en las cosas es justamente cuando creemos que está todo dicho,para que deje de estar todo dicho y empiece a ser practicado. Cuando alguien dice "está todo dicho", mmm... yo empiezo a sospechar. ¿"Todo dicho" = "no hay más para decir"? ¿seguro? Pensalo otra vez... ¿cuántas veces somos machistas las mujeres? ¿Cuántas veces somos "más machistas que el macho"? ¿Cuántas veces los hombres no machistas caen en machismos? ¿Se piensa en esto o es un tema del que "hay que hablar" porque es "políticamente correcto", por ejemplo?

Personalmente (y esto relacionado con alguna entrada anterior), a veces me pudro de tener que hacer todo, de tener que tomar todas las decisiones sola. Siento que es mucha carga. El otro día una chica me contó que una de sus profesoras, hablando de estos temas, le dijo (qué lindo ejemplo, che): "y sí, es más fácil para mí que las decisiones las tome él, yo elegí eso porque es más cómodo..."

Recuerdo que ya estas cosas se hablaban cuando yo era adolescente, y todas parecíamos tener todas las posibilidades de escapar de eso. Y sin embargo, ahora...

A veces pasa que alguien grita "vamos, hay que hacer esto, corramos". Y otro va y se engancha y corre, corre, corre... Resulta que cuando ese otro llegó a algún lugar ve que está casi solo.

miércoles, 3 de junio de 2009

Mundo secreto (recargado)

A modo de actualización:
verbo transitivo o intransitivo, hoja de estilo, ¿requiere o requiere de?, objeto directo, sujeto, preposiciones, ¿esto es dequeísmo?, falta un corchete de cierre [no llego a entregar a tiempo], gerundios por doquier, reiteraciones [no, no llego], cita textual, sic, [...], sangría izquierda, tilde, interlineado en uno y medio, negritas, bastardillas [bastardas bastardas itálicas], plural, género, modo indicativo, texto en Times New Roman 12 [ahhh], referencia nota al pie, no olvidar bibliografía, rehacer esta oración, asterisco, comillas...

¡¡¡Pará con el acentito!!!

Menos mal que

"En todos los lugares escondíamos amor..."



¿Dónde escondés el amor? ¿Se puede esconder?

miércoles, 27 de mayo de 2009

Conducta en las transacciones comerciales (y dudas inesperadas)

Mi ejemplar de Papeles inesperados está fallado. Hacia la mitad del libro, el papel se hace más fino y deja traslucir el texto del otro lado, lo cual provoca una confusión enorme porque uno no sabe qué está leyendo. A la historia del cronopio en México se le superpone la tos de una señora alemana, que no me deja escuchar lo que leo. Y después de haber leído el manuscrito hallado junto a una mano (que debería poner en sobreaviso a más de uno), no sé qué pensar, por dónde va el asunto.
Como soy una ciudadana correcta (pero que conoce sus derechos y sabe hacerlos valer), ayer llamé a la editorial para solicitar el cambio del ejemplar de marras. A la tribulación con que le transmití mis pesares a María Laura (una diligente y amable operadora) le siguió la sorpresa inconmensurable de escucharla (casi verla) más acongojada, apenada, atormentada o afligida moralmente que lo que yo misma podía estar: "al fin y al cabo es un libro", me dije, "y es mío". No. María Laura no tenía derecho a sentirse más triste que yo, a robarme mi minuto Odol de pena en el aire; por lo tanto, y percatada yo ya (yoya) de qué se trataba el asunto, procedí a darle ánimos con una energía que, si utilizara para ordenar mi cuarto, provocaría un escándalo de envidia entre las vecinas (o dos). Cuando ella me dijo "¡ohhhhhh! ¿en seriooooo?" yo respondí "sí, pero bueno, son cosas que pasan cuando uno trabaja con tinta y papel". Cuando me dijo, casi en un suspiro estentóreo que no, que no podía hacer nada, que tendría sí o sí que ir a la editorial a cambiar mi ejemplar, y no a una librería de acá a dos cuadras de mi trabajo, le respondí "bueno, veré cuándo puedo ir". Ella, que no era ninguna tonta, contraatacó e intentó hacerme el gol de caño, y en un lamento señaló "pero es que no vamos a tener ejemplares hasta dentro de dos días". Firme, le contesté "eso no es ningún problema, te llamo dentro de unos días, iré cuando esté".
Cuando se dio cuenta de que no podía conmigo, simplemente me pidió un número de teléfono para poder comunicarse, y dijo que me avisaría cuando los ejemplares llegaran de la imprenta.
Nos despedimos con un "hasta pronto entonces, María Laura, y muchas gracias" "Pronto me pondré en contacto con vos, Milena, muchas gracias a vos".
Ahora tengo miedo de una certera estocada final. ¿Qué pasará con el nuevo ejemplar? Creo que voy a tener que leerlo nuevamente desde el principio. ¿Cómo sé que en el nuevo va a decir lo mismo que en el que yo tengo? ¿Qué pasa si en lugar del prólogo está el Manifiesto Comunista o si en lugar de En Matilde hay una página llena de Haikús incomprensibles? Y con lo que resta, qué pasa si me cambian el cuento del final por el capítulo de un libro de historia de los de Pigna? Y lo que es peor... ¿si no me doy cuenta y después ando por la vida hablando de lo bien (o mal) que escribió Cortázar acerca de Belgrano?
¿Eh? ¿Qué hacemos? ¿Seguimos viviendo con esta inseguridad?
La duda me carcome.

Me hubiera gustado que me dedicaran...

  • Cartas a Milena (obvio) - Franz Kafka

Algunos libros que me hubiera gustado escribir... Bueno, por lo menos los leí!

  • Rayuela - Julio Cortázar
  • El libro de los abrazos - Eduardo Galeano
  • Alicia en el país de las maravillas - Lewis Carroll